3/9/15

Cómo ser mujer


Meses después de terminar las clases de feminismo en la universidad y pasar al tema ya de las guerras, descubrí en el canal de Alícia Reads este libro de Caitlin Moran. La verdad es que me había quedado con ganas de más sobre ese tema y quería leer algo actual. El de Lena Dunham no me llamaba la atención demasiado pero este... este realmente tenía ganas de leerlo. Tal vez porque es inglesa y siempre me siento más cómoda con ellos ya que me gusta su forma de explicarse. Cómo ser mujer es un libro que trata temas muy distintos, como la regla, la depilación, sentirse gorda, usar sujetador, la moda... y lo hace de una forma muy entretenida. Como decía Alícia Reads en su vídeo, ella no te dice "esto es así y tú lo aceptas y te aguantas" sino que te da su punto de vista, te habla de lo que ha vivido y si estás de acuerdo maravilloso y si no lo estás no pasa nada.  Algo que me encanta es que desde el principio ella deja claro que no va a tratar temas importantes sino que va a ir a temas cotidianos, se centra en las cosas a las que cualquier mujer puede enfrentarse. Caitlin Moran es una periodista británica bastante divertida que ha decidido responder a la pregunta de ¿cómo ser mujer? No os voy a dar una opinión de este libro, simplemente os voy a comentar cómo trata ciertos temas, y algunos detalles que me parecen interesantes... ni siquiera voy a puntuar el libro. Simplemente me apetece que conozcáis este libro.

Los triunfos ganados con mucho esfuerzo pueden verse invalidados si vives en un ambiente donde tus victorias se consideran una amenaza, un error, algo de mal gusto o que sencillamente no está en la onda. Pocas chicas elegirán hacer lo que está bien a costa de quedarse solas.

Moran comienza el libro hablando del peor cumpleaños de su vida y de cómo muchas mujeres deciden seguir la corriente por miedo a lo que pueda sucederles. Habla de Juana de Arco (que no acabó precisamente bien la mujer, condenada a la hoguera), de Sylvia Plath (suicidio), y de unas cuantas mujeres fuertes que por ser consideradas una amenaza, o por los problemas mentales que padecían,  no tuvieron un buen final. También opina que el feminismo se ha quedado atascado, que debe avanzar y que no solo los eruditos deberían poder opinar sobre este tema, que las mujeres normales también deberían poder dar su opinión. Y es lo que hace en los siguientes capítulos, dar su opinión sobre lo que a ella le pasó desde su adolescencia hasta el comienzo de su madurez. Y aunque hay en cosas en las que no estoy de acuerdo, hay otras en las que sí y la verdad es que dice las cosas muy bien, con buenos argumentos y dando razones, no diciendo las cosas porque sí como hacen muchas personas.

Descubro qué es el amor, y me doy cuenta de que sólo es sentirse muy... interesada. Más interesada de lo que había estado jamás por nada.

Un capítulo que me hizo mucha gracia fue el primero, que trata el tema de la menstruación, del amor y de muchos otros temas de la adolescencia. Me gustó porque lo trata de una forma sincera. Muchas mujeres cuando hablan de la menstruación lo hacen de una manera irreal porque no se atreven a hablar de lo que duele, de la incomodidad, del tener que hacerte una bolita en el sofá sin poder moverte porque te mueres (no hablar de esto suele conllevar a que las que nos quejamos y nos morimos del dolor tengamos que aguantar el «no seas quejica, eso no duele. Mi amiga X la tiene y sigue haciendo todo y blablablabla» de los hombres, supongo que muchas os conoceréis el discurso que provoca que tengáis ganas de tirarles algo a la cabeza para que se callen y te dejen en paz con tu dolor). Habla de todo sin pelos en la lengua y la verdad es que te ríes y ves una nueva visión, una que no compartí en algunos casos pero que comprendes.

En un capítulo te habla también de la depilación y la verdad es que creo que es una de las pocas mujeres que tiene una opinión parecida a la mía. Hay diversas formas de depilarse: cera, láser, cuchilla, cremas... unas son dolorosas y otras no. ¿Por qué optar por las dolorosas que encima te cobran un montón de dinero? Yo siempre opto por la vía de no sufrir porque creo que tienes que estar guapa para ti misma (si tú te ves guapa el esto también) y en mi opinión voy a estar más guapa si no he estado sufriendo durante media hora (o más) que si he estado chillando y queriendo morirme mientras tiran de mi piel una y otra y otra vez (que sepáis que cuando sea una abuelita mis piernas estarán mejor que las que se la han dejado estirar, estará tersa y maravillosa). Y esta mujer opina algo por el estilo. También habla de la nueva moda, de esa salvajada de depilarse tus partes bajas y de lo estúpido que es... sí, ella lo probó y no lo recomienda en absoluto. La verdad es que tengo entendido que por motivos médicos no deberíais hacer esa salvajada... pero allá cada uno. Además, esa nueva moda viene del porno, por sino lo sabíais. Aún recuerdo una película en la que la madre le dice a su hija, que se quiere depilar o que se ha depilado (no lo recuerdo bien), que si es una actriz porno.

Preferiblemente me gustaría que os subierais a una silla y gritarais: «SOY FEMINISTA», pero sólo porque todo me parece más emocionante si lo haces subido a una silla. Es muy importante decir estas palabras en voz alta. «SOY FEMINISTA.»Si os cuesta decirlo, incluso con los pies en el suelo, yo me preocuparía.

Siempre he creído que si no eres capaz de decir lo que crees en voz alta realmente no lo eres, o lo eres pero estás llena de cobardía. Caitlin en determinado momento te invita a gritar que eres feminista porque no hay nada de lo que avergonzarse y eso me hizo pensar. Seguro que a vosotros también. Imaginad que os gusta Green Day (a mí me encanta y no me avergüenza). Green Day para muchos es una vergüenza, son unos vendidos y mil historias más. ¿Admitiríais que sois fans de esa banda a pesar de que os vayan a decir alguna tontería? ¿Sí? Enhorabuena, realmente te gusta. Pues esto es lo mismo. ¿Eres feminista? ¿Te atreves a decir que eres feminista? Si te atreves a decirlo, enhorabuena. Eso sí, te advierto de que te van a decir unas cuantas tonterías. Y te van a llamar feminazi (palabra que no tiene sentido, si nos insultan al menos que nos llamen misándricas, que sería lo correcto). Pero tranquila, oídos sordos a palabras necias.

Cada libro tiene su propio grupo social, unos amigos que quiere presentarte, como una fiesta en la biblioteca que no necesitara acabar jamás. 

Caitlin también dedica una parte a hablarte de que le encanta leer biografías y algo que me gustó mucho es cómo explica la relación que hay entre los libros puesto que a veces empiezas leyendo a un autor y acabas pasando por todo su grupo de amigos, ya que hay muchísimos artistas conectados entre sí. ¿Nos os ha pasado alguna vez que has empezado por un autor y has acabado leyendo a su amigo y al amigo del amigo? A mí sí, y es algo que es realmente maravilloso.

Personalmente, no creo que la palabra feminismo en sí sola sea suficiente. Creo que hay que ir más allá. Quiero recuperarla conjuntamente con la palabra exaltado. Así parece más sexy. Quiero reivindicar la palabra «feminismo exaltado».

En la anterior entrada os hablé de que las suffragettes cogieron su nombre del periódico, ya que les llamaron eso en plan burla, creyendo que las ofendería. Todo lo contrario, decidieron hacer propia una palabra. El feminimo exaltado me lo tomo de la misma forma. Es coger un adjetivo que siempre se ha utilizado de forma negativa y darle una vuelta, usarlo de forma positiva.
También entiendo por qué las mujeres empezaron a rechazar la palabra feminismo. Acabó siendo invocada en tantos contextos negativos inadecuados que, quien no estuviera al tanto de los objetivos principales del feminismo, e intentara averiguarlo por las conversaciones que le rodeaban, creería que era una combinación espectacularmente poco atractiva de misandria, amargura e hipocresía, partidaria de la ropa fea, del malhumor y, seamos realistas, de que no hubiera sexo.

Otro tema que trata es el que las mujeres no quieran ni oír hablar del feminismo. La verdad es que hasta que no llegué a la universidad no tenía ni idea del tema y cuando me lo explicaron fue abrir los ojos y darme cuenta de un montón de cosas. Al feminismo siempre se le ha dado un sentido negativo porque las personas ni se molestan en tratar el tema, se limitan a verlo por encima y Moran habla de eso, de la mala imagen que se le ha dado. Menos mal que eso ha cambiado un poco.

¿Por qué demonios, por el hecho de ser mujer, tengo que ser amable con todo el mundo? ¿Y por qué las mujeres, para colmo, tienen que esmerarse por ser «cariñosas» y «comprensivas» siempre entre ellas? Esta idea de «solidaridad femenina» me ha parecido, con franqueza, absurda. (...) Si una persona es imbécil, es imbécil, con independencia de que a ella y a mí, en conciertos y fiestas, nos toque esperar o no en la cola más larga para entrar en el baño.

¿Os suena la solidaridad femenina? A mí sí. Y me parece una estupidez, como a Moran. Siempre he creído que una persona es estúpida independientemente de si es hombre y mujer y Moran habla de esto, de lo que muchas personas no hablan. ¿Por qué las mujeres tenemos que ser amables con todo el mundo? Si creo que mi vecina de enfrente es una bruja puedo escupirle fuego por los ojos si me da la gana, otra cosa es la educación. Y quizás esto ya no se dé tanto pero habitualmente si a una mujer le pasa algo (imaginad que se le ocurre ir en tacones por donde no debe y se cae) casi todas se ponen de acuerdo y la consuelan... y como se te ocurra decir que le pasa por estúpida pues te montan una buena.

Lo que ocurre dentro de tu sujetador y de tus bragas SE QUEDA dentro del sujetador y de tus bragas. Si puedes encontrar algún vestido con el que estés mona y puedas subir tres tramos de escalera corriendo, no estás gorda.

Esta parte me hizo mucha gracia cuando me la leí porque ¿quién no ha buscado el vestido perfecto y cuando lo ha encontrado ha sido como dar con algo divino? Yo últimamente he dado con varios tesoros y ya os digo que me los voy a poner hasta que se rompan. Y cuando se rompan, los arreglaré y me los volveré a poner. Pero ese trozo viene en un capítulo que trata el tema de cuando estás gorda o te sientes gorda, de lo que te afecta y de cuando lo admites que estás gorda y te quedas tan pancha. Ya adelgazarás. Hay una web, Weloversize, que habla mucho de este tema: estás gorda o no lo estás, y quieres adelgazar o no, pero de mientras siéntete bien con tu cuerpo y no te martirices. Cada vez más se lleva el fustigarse a una misma por estar delgada o por estar gorda, ¿por qué no se pone de moda el sentirse a gusto con uno mismo? Lo importante es estar saludable. Y mira, como dice Moran, mientras te pongas un vestido que te quede bien y puedas subir las escaleras corriendo no te preocupes. Nadie te va a poner una nota por tu cuerpo, a no ser que vayas a un concurso.

Hay mujeres que no coquetean. No quieren hacerlo, no les sale de dentro (...). Pero para otras mujeres, coquetear es... algo natural. No es un mecanismo de defensa, ni el resultado de haber sido sexualizada sin querelo por el maldito patriarcado. No es una consecuencia. Es una acción. Sale de la alegría casi demente de estar vivo, de hablar con alguien que no te está aburriendo mortalmente, y de aliarse en un tácito, fugaz, alegre, «Me gustas, y te gusto. ¿No es estupendo lo bien que nos comprendemos?».

Coquetear es divertido, y no tiene por qué tener un sentido malo. Como dice ella tiene un sentido de "soy feliz, vamos a compartir la alegría de estar viva". No está mal demostrar que tienes alegría en las venas, la verdad, y no significa nada, no significa lo que muchos piensan. Al principio trata el tema de que coquetear muchas veces te lleva a ser sincera y a ir a por lo que quieres, y luego acaba desembocando en malentendidos que puede haber y en diversas malas actitudes que se pueden dar.

Me mantendré al margen del mundo de los zapatos femieninos hasta que los diseñadores fabriquen unos modelos con los que sea posible andar más de una hora y que no te dejen luego el pie dolorido. (..) Si voy a despilfarrar quinientas libras en un par de zapatos de diseño tienen que ser unos con los que a) pueda bailar Bad Romance y b) me permitan huir de un asesino, si éste decide súbitamente empezar a perseguirme. Es lo mínimo que pido a mi calzado. Poder bailar con él y no ser asesinada por su culpa. 

¿Alguna vez has ido a una tienda de zapatos decidida a comprarte unos buenos tacones, te los has probado y al de tres pasos querías morirte? Yo sí. La verdad es que a mí los tacones me encantan, me fascinan. Me parecen preciosos, tendría miles, de todos los estilos y colores. Tendía uno para cada día de mi vida. Tendría una casa llena de libros y tacones. De verdad. Que me encantan. Pero en vez de eso tengo cuatro pares de converses,tres pares de menorquinas, cuatro pares de bailarinas, unas botas planas, unas botas con un tacón corrido de 8 cm (que me pongo cuando sé que no voy a andar mucho y estoy en plenas facultades) y unas chanclas blancas (preciosas, con la suela adecuada y que no he vuelto a encontrar en ningún sitio). Sí, no hay tacones. Ni uno. También porque mi defecto es que solo me gustan los tacones altos, pero la principal es que no son cómodos. Cuando veo a chicas con tacones me dan pena y me entra la risa porque acaban con ellos en la mano o andando como si fueran a la horca porque no pueden más del dolor. Aunque tampoco es que los planos se libren: el día que pueda andar cuatro horas con mis bailarinas y tenga los pies igual de maravillosos que con mis converse hago un monumento a esos zapatos. La verdad es que deberían hacer calzados cómodos para mujeres. Cómodos y bonitos, porque a mí los ortopédicos me parecen un horror (sí, esos que os ponéis muchas que son tan tan feos que les daría un premio a fealdad). Deberíamos poder correr con ellos sin querer que nos arranquen el pie. Deberíamos no tener que descalzarnos para correr mientras alguien malo nos persigue. Y Caitlin habla de este tema, además de los bolsos y otros complementos.

«Tú eres feminista. La gente cree que eso significa odiar a los hombres pero no es así» (...) «Soy feminista porque creo en los derechos de la mujer y en que hay que defender lo que somos, hasta la médulta». (...) Era extraño que casi todas las mujeres «rehuyeran» declararse feministas, porque eso «no significa en absoluto que odies a los hombres».

El otro día un amigo descubrió que soy feminista y reaccionó igual que todos los chicos que no fueron a mi clase de Contemporánea II: entonces ¿odias a los hombres? Caitlin Moran habla también de cuando las personas creen que ser feminista requiere odiar a los hombres... y no, en absoluto. A mí me encantan los hombres, me suelo llevar mejor con ellos que con las mujeres, me gustan los hombres (y si alguno está muy bueno pues como que le miro), y tengo un montón de amigos chicos. No les odio. Y como yo, miles de mujeres están en el mismo caso. ¿De dónde han sacado que querer la igualdad signifique odiar a los hombres? Es una de esas cosas erróneas que han salido de la mala información y de los prejuicios. Espero que los que paséis por mi blog os deis cuenta de que no odiamos a los hombres. La persona que se cree superior al hombre u odia al género masculino es misándrica, no feminista.


Que las mujeres vivan con miedo a envejecer, y utilicen trucos caros y dolorosos para ocultárselo al mundo no dice nada bueno de nosotros como seres humanos.

Algo que necesitaba poner en esta entrada es la frase de arriba. Si os dais cuentas cada día hay más productos para que las mujeres no nos hagamos viejas. Cada vez más mujeres se echan botox, gastan un dineral en productos para que no salga ni una arruga, se tapan las canas, o hacen auténticas salvajadas para rejuvenecer la piel... y yo creo que eso significa que cada vez vamos a peor. Tengo 20 años y amigas mías ya dicen que no quieren envejecer, que qué horror; las que tienen más años están traumatizadas porque o les ha salido una cana o están cerca de la treintena, y las jóvenes quieren ser adolescentes de por vida. Yo, en cambio, siempre he visto envejecer como algo bueno, significa que estás viva y que tienes oportunidad de seguir disfrutando de la vida. Cuando pienso en que me saldrán arrugas no me importa, las canas pienso que las llevaré tan tranquila. No me importa. Pero a la sociedad sí le importa así que cada día hay más y más y más productos para que no tengas ni una marca de vejez. Los hombres están subiéndose al carro y ¿no os parece horrible? El mundo se está llenando de personas deseando ser como Peter Pan.

Lo que hace a un hombre «alfa» es evitar peleas, ser divertido y, además, saber cómo reinstalar el Adobe AIR cuando se cae el Twitter en tu portátil. Lo que queremos es un loco de la informática, educado y gracioso, con el que podamos quedarnos en casa, poniendo a parir a todos los gilipollas y esperando que se hagan las patatas asadas. (...) Las princesas nunca pasan el día recorriendo el Museo de Historia Nacional con sus hermanas, (...) nunca se sientan con un par de príncipes en la terraza de un pub en una fría tarde de otoño, ponendo sus canciones favoritas de los Beatles por orden de preferencia, (...) nunca salen con un par de familias amigas, (...) no animan un día absurdo en la oficina jugando a «Soy Burt Reynolds». (...) No quería ser una princesa. Las princesas eran aburridas. Me encantaban los artistas, en cambio. Eran los tipos con los que había que salir.

Los hombres que penséis que nos encanta veros pegaros por a ver quién es más machito os equivocáis. A las mujeres nos gustan los tíos malos en las novelas o en las películas, pero lo que realmente nos gustan son los tíos buenos. Los chicos que nos hacen reír, que son unos caballeros y que nos ayudan cuando no sabemos algo, los que insultan con nosotras a las personas que odiamos. A las chicas nos gusta Marshall Eriksen y cuando buscamos a un tío lo buscamos así. Y Moran habla de una forma clara de este tema. También habla de que las princesas son unas aburridas (un poco de razón tiene) y de que son mejores los artistas (como mujer a la que le van los artistas, le doy la razón).

Únicamente con ser sinceras sobre quienes somos realmente, tenemos media batalla ganada. Si lo que lees en revistas y periódios te hacen sentir incómoda o una mierda, ¡no lo compres! (...) Si piensas que un bolso de seiscientas libras es algo indecente (...) di tranquilamente «la verdad es que no me lo puedo permitir».

También habla de que si no estás de acuerdo con una revista, con una película, con un libro o con lo que sea ¡no lo consumas! Para qué vas a leerlo. Si no puedes comprarte algo, no lo hagas. ¿Para qué? Es estúpido. Es una forma de ser masoquista. ¿Por qué tenemos que fingir que nos gusta algo? A mí no me gustan las revistas de cotilleos ni las de moda, antes sí pero cuando llegué a los 16 o así me di cuenta de que eran una tontería y paso de comprarlas. Sólo cojo una cuando me gusta el regalo que viene con él, para qué voy a mentir. Me di cuenta de que el dinero que gastaba en eso podía consumirlo en algo más productivo. Pues eso es lo que dice Moran. ¿Que no te gusta? Pues para qué lo consumes, mujer, haz otra cosa más productiva.

Los hombres no tienen que cambiar ni una sola cosa. Por lo que a mí respecta, los hombres pueden seguir haciendo lo que quieran. No tienen que dejar nada. Mucho de lo que estan haciendo es genial. Y son divertidos (...), están guapísimos con uniforme de la Segunda Guerra Mundial, o dando marcha atrás en estrechas plazas de aparcamiento. No quiero que los hombres se marchen. No quiero que dejen lo que estén haciendo. (...) Quiero ALTERNATIVAS. Quiero VARIEDAD. Quiero MÁS. Quiero MUJERES. Quiero que las mujeres tengan más del mundo, no sólo porque el mundo sería más justo, sino también sería mejor. Más emocionante.

Moran remarca un montón de veces que la cuestión no es que los hombres no hagan nada, no es quitarles libertades a ellos. No es torturarles a ellos. Es dejarles su libertad, y que nosotras también la tengamos. Es igualdad, no querer ser superiores porque no. Y simplemente que haya variedad, que el mundo se base en la justicia y punto.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que lo que realmente quiero ser, en resumidas cuentas, es un ser humano. Solo un ser humano productivo, honrado, tratado con cortesía. Uno de «los Muchachos». Pero con un pelo realmente asombroso.

Caitlin como veis trata temas cotidianos, cosas que podemos llegar a vivir o no. Puedes estar de acuerdo con su forma de pensar o en total desacuerdo, pero estoy segura que mientras habéis ido leyendo esto muchas habréis estado respondiendo a estos fragmentos en vuestra cabeza, e incluso os habéis imaginado comprando vuestros primeros tacones y sufriendo con ellos. Ella no se va a temas serios, porque de esos ya habla todo el mundo. Moran va a temas banales, a tonterías, a frivolidades que podemos llegar a vivir en algún momento. En mi opinión es un buen libro, curioso, con el que te entretienes mucho y con el que no aprendes pero reflexionas. Está lleno de ironía, de tonterías, de experiencias personales, de situaciones que llevan algo detrás. Es un ensayo sobre lo que vive una mujer europea (y sí, lo veo como algo europeo porque en cada lugar se viven las cosas de una manera) y las cosas sobre las que se ha ido dando cuenta la periodista según ha ido creciendo. 

Me enseñó lo que es el feminismo, o lo que debería ser, al menos:
SER TODO EL MUNDO EDUCADO CON TODO EL MUNDO

2 comentarios:

Jorge dijo...

Me llaman mucho los libros de esta señora desde que empecé a verlos por ahí hace unos meses, aunque creo que me atrae más el otro (cuyo nombre no recuerdo ahora mismo >.<), que será más mi estilo.

dijo...

Es una autora que tengo muchísimas ganas de leer, de la misma también me llama la atención "Como se hace un chica". Es la primera reseña que leo de Como ser mujer y con los fragmentos que has añadido creo que me puede gustar bastante.

Saludos y gracias por la reseña^^