22/9/16

Mis momentos más vergonzosos

Ayer fui al cine a ver la nueva película de Bridget Jones y tengo que deciros que me he reído desde el principio hasta el final, la disfruté muchísimo y salí con ganas de volver a verla. Os hablaría de esta película, de lo especial que fue, de lo mucho que adoro a Bridget y de lo que quiero a Mark peeeeero no lo voy a hacer. No, en vez de eso voy a hacer algo que espero que os guste mucho más. Voy a hablaros de esos momentos vergonzosos que he pasado en mi vida y en los que he pensado tierra trágame. La verdad es que creo que me gusta tanto Bridget porque me veo reflejada en su torpeza, su diarrea verbal y las veces que mete la pata. Y como a mí eso de la vergüenza ya me da igual, pues allá vamos. Mamá, tú sufriste unos cuantos y espero que te rías al recordar estas cosas —que ya sé que en su momento no, pero hay que ver el lado divertido de las situaciones ahora que ya han pasado.

Confieso que a veces estoy así en la biblioteca cuando me emociono
Para uno de los momentos más vergonzosos de mi vida hay que remontarse a los ¿nueve? ¿diez? años. A ver, en mi defensa diré que yo era una persona bastante curiosa —ya podía serlo para hacer esto, la verdad— y así como hay niños que comen barro o todo lo que pillan por el suelo, yo decidí que a esa hora podía resolver una de las grandes preguntas de mi vida hasta ese momento. ¿Olían los caramelos smint a lo que sabían? Total, que cogí un caramelo de esos, lo olí y se me metió en la nariz. Sí, se me metió en la nariz y lo intenté sacar en plan soltando aire pero no había manera, y encima era de menta. DE MENTA. Y mirad, oler no huele pero picar sí. Total, que tuve que bajar a la DYA —que es como una enfermería, supongo que por el País Vasco habréis visto esas ambulancias de vez en cuando, de color amarillo— y yo creo que cuando me vieron debieron de preguntárse cuántos tornillos me faltaban, básicamente porque otra de las veces que me atendieron fue porque me pillé el dedo con una puerta y... bueno, me quedé sin yema del dedo, y me tuvo que crecer... Pero bueno, el caramelo me lo sacaron. A mi madre y a mi abuelo casi les da un algo, a mí me pareció una experiencia divertida pero decepcionante porque el caramelo no olía a nada. 

La segunda de esas veces fue cuando ya vivía en otra ciudad y tuve que ir al colegio. ¿Sabéis eso de "mi hijo fue al colegio en zapatillas y qué gracioso fue" que se suele contar, mientras tú piensas "a mí eso nunca me pasará porque soy súper lista"? Bueno, me pasó. Pero no una, sino DOS VECES. Sí, en ambas tuve la suerte de tener zapatillas deportivas, que me las planté con toda la vergüenza y suplicando que mi padre viniera pronto porque qué vergüenza estar así por el colegio. Tendría doce o trece años entonces. 

La tercera vez fue un poco más adelante, cuando conocí a una persona. ¿Sabéis esas canciones que no siempre deberías poner en público porque lo que dicen no es muy adecuado? Bueno, pues estando con gente que no conocía me sonó "Kill all your friends" y me puse roja de la vergüenza. Lo gracioso del asunto es que me acabé haciendo amiga de una de las personas de las que estaba ahí.  Pero vamos, que con la de canciones que tenía en mi móvil ya podía haber sonado otra que no me hiciera parecer una psicópata.

Yo cada vez que me pasa algo de esto

Otra de esas veces fue a la salida del colegio. A ver, que yo siempre he sido muy torpe, pero torpe nivel saltar un bordillo y romperme el brazo, torpe nivel tropezarme conmigo misma. Bueno, pues aquel día había llovido, yo llevaba unas botas y estaba ya en bachiller´, así que se suponía que yo era ya una adolescente madura con su dignidad y todo eso. Total, que salí de clase, bajé un escalón, dos, tres y me caí de espaldas, clavándome las escaleras. Si hubiera estado sola no habría estado tan mal, pero es que estaba delante de las dos pijas del colegio y de dos amigas, y fue tan vergonzoso. Me puse súper roja, y el dolor de espalda no me lo quitó nadie. Lo peor de todo es que me pasó otras dos veces, así que acabé mandando a la porra el hacerme la valiente por las escaleras y acabé bajándolas pegándome a la pared. 

A ver, pero que yo no solo me caigo así, ¿sabéis? Otro de mis grandes momentos fue cuando salí del coche, fui a dar dos pasos, me enredé con mis propios pies —son una 35, son demasiado pequeños para poder causar eso pero ya sabemos que soy un pato—, me caí al suelo de bruces y me hice una herida bastante gorda en la rodilla. Me la curé, me puse algodón y esparadrapo ¿y qué pasó? La herida se puso a cicatrizar con el algodón de por medio y, bueno, cuando me lo quité casi me desmayo del dolor. 

También me fui a hacer la cera, ¿sabéis? A la única persona que he creído toda mi vida es a ella porque todas sabemos que la cera duele —que os duela menos vale, pero os duele... que el otro día una de esas que decía "no, no, si a mí no me hace nada" me reconoció que era un horror— pero me engañaron y fui a hacérmela en las piernas y en la cara. Bueno, en la cara he vuelto a hacérmela, en las piernas aguanté dos veces más y me dije "a la mierda, estoy harta de gritar como si estuviera poseída y de tener moratones en las piernas". Así que me pasé definitivamente al método que no duele como si te arrancaran la piel a tiras.

Yo el día después de hacerme 30 sentadillas
Hace dos años me ocurrió algo que sé que a Bridget le ha tenido que ocurrir mil veces. Me compré unas de esas medias "transparentes" para ponerme con un vestido rojo en plan casa de la pradera, y cuando me las puse me aseguré de que me quedaran completamente estiradas para que no se notaran. Total, que como pensaba que se movían, cuando llegué a la universidad me fui al baño y me las subí más. ¿Qué pasó? Carrerón de la media, y para la basura—aunque las aguanté con toda la dignidad del mundo toda la mañana. Además, los zapatos dolían que te cagas —me permito decir que te cagas porque sé que Bridget diría eso— y me compré otro par, que se acabarían echando a perder también. 

El año pasado me ocurrió algo que a Daniel le habría hecho muchísima gracia. Llevé un vestido a mi uni, azul y cortito, y un jersey marrón ancho y largo. Fui a clase y después al baño, salí de la universidad y seguí andando tan tranquila, pero de repente noté que tenía demasiado fresquito en las piernas. ¿Qué había pasado? Que el vestido se me había subido completamente por detrás, y por suerte no se me vio nada por el jersey pero fue un momento tan "tierra trágame" que aceleré el paso en plan AQUÍ NO HA PASADO NADA.
Hello. It's me.
Y estas son cositas que he ido pasando. A ver, las he tenido peores, como mis experiencias en clase de gimnasia —todas desastrosas y yo sintiendo que voy a echar un pulmón—, he mandado mensaje a quien no debía, he confesado mis sentimientos a otra persona y he sido rechazada —y da una vergüenza que te cagas—, me he olvidado mil veces las cosas encima del piano —al parecer cada vez que dejo algo ahí me lo olvido, es como el triángulo de las Bermudas pero de mi mente—, me he dejado el ipod en la biblioteca —me di cuenta cuando estaba sentada en clase, y obviamente corrí a por él—, me he encontrado con gente a la que no quería ni ver, he soltado ciertas frases cuando no debería, me he reído en público como la de miss agente especial, me he prometido adelgazar y al día siguiente me he comido un trozo de tarta con mi mejor amiga, me he puesto a cantar a voz en grito cuando se suponía que no se me iba a oír, he ido a tocar el piano en chándal por no poder cambiarme en el típico concierto que se tiene al final de curso, se me han caído las partituras cuando estaba tocando ante un montón de gente y me he muerto de la vergüenza, se me han olvidado las partituras al abandonar el escenario y he tenido que volver en plan "tierra trágame", me he caído innumerales veces más, he quemado unos macarrones, he llenado el horno de brownie porque se me salió del recipiente, he roto el agujero del usb de casi todas mis cosas, he perdido mi bufanda en mil sitios, he ido con el maquillaje hecho un desastre, me he encontrado con alguien con el que casi salgo cuando iba hecha un desastre —no podía ser cuando estaba bien, no— y tambíen he tenido que esquivarle escondiéndome detrás de la gente porque me daba vergüenza... Y sí, también me he tirado media hora intentando aprender cómo se pronuncia algo bien, lo malo es que luego lo pronuncio mal. Oh, y casi siempre llego tarde. Da igual lo que pase que siempre lo hago.

Y bueno, he hecho un montón de cosas que me da vergüenza recordar pero que me hacen reír. Soy una torpe, digo lo que no debo en ciertos momentos, me río cuando no se debe... Y he incumplido innumerables propósitos de año nuevo. Y no sé, puede que a muchos no os guste Bridget pero a mí me hizo meterme en la cabeza una cosa que creo que jamás se me olvidará nunca: si sales con alguien, sal con una persona que te quiera a ti entera, con tus defectos y virtudes, a la que no le importe que la cagues veinte veces al día porque es de ti de quien se ha enamorado, de una persona normal que no es perfecta. 

Y con esto me despido. Si alguien quiere compartir sus momentos vergonzosos ¡adelante!

PD: ¿A alguien más le ha pasado que le ha venido la regla justo cuando estás fuera de casa, sin compresas o tampones, y te has tenido que poner a preguntar a todas las chica de tu alrededor si tienen algo porque no quieres manchar tus bragas por el asco?

PD2: Me encantan los jerseys navideños, no me parecen nada feos. Tengo uno, voy a ver si este año me compro otro porque son maravillosos. 

PD3: Hace tiempo decidí que me importaría una mierda lo que el resto pensara de mí, y oye, que se vive muy bien así. Es como más tranquila y alegre la vida.

PD4: Sí, también quiero un Mark Darcy. No me culpéis, es que ese hombre es de los buenos, de los que te quieren de verdad y bien.

20/9/16

Inmune a ti


Allie está en modo crisis. No sabe qué hacer con su vida, acaba de dejar a su novio y, en un momento de locura, se enrolla con Dean de Laurentis, el tío más guapo y más ligón del campus. Hay que reconocer que no estuvo nada, nada mal. Pero lo último que necesita es liarse con un rompecorazones. Por mucho que Dean no esté dispuesto a quedar como «solo amigos». Por mucho que, cuando la vida da un giro de 180 grados, él sea el tío capaz de permanecer a su lado...

Este libro forma parte de una trilogía, que al parecer se ha convertido en tetralogía, que me da cierta esperanza en cuanto a la novela romántica juvenil porque que las relaciones que hay en estos libros no te hacen asustarte y preguntarte qué está pasando en el mundo para que crean que algo así es normal. Bien, dicho esto, os voy a decir lo que me ha parecido este libro.

Si en el primero la chica había sufrido un episodio bastante grave y en el segundo no tenía una vida lo que se dice fácil, en esta novela eso se deja más a un lado ya que el problema es otro. ¿Cuál? Allie, quien aparece en el primer libro, sale con el idiota de su novio, de cuyo nombre no me acuerdo porque prefiero borrarlo de mi memoria, y lo deja con él por ¿cuarta? ¿quinta? vez. Uno de los problemas es que él no acepta que Allie quiere ser una gran actriz e ir a Los Ángeles para dedicarse a lo que es su sueño —además de que la chica no ha estudiado en la universidad para nada, ¿sabéis?— porque para él lo que debería hacer es dejarlo todo, quedarse en casa y cocinar como las chicas americanas de los años cincuenta —recuerdo que Rory Gilmore intentó algo así en un capítulo pero nunca más lo volvió a intentar, gracias a dios. ¿Qué pasa? Que Allie le manda a la mierda, le dice que la cosa no va a así y que ella quiere ser actriz, así que lo dejan y la chica va a casa del novio de su mejor amiga para evitar tentaciones de volver si el tontodelbote se pasa por su habitación de la residencia.

¿Y qué pasa? Pues mirad, que Dean de Laurentis está muy bueno, quizás que juegue a hockey tiene que ver en eso, y puede que ella no esté en sus cabales —os pongo el situación, el tío es un mujeriego, pero en plan nivel Barney Stinson— porque ella jamás haría lo que hace. Total, que ahí empieza el meollo del asunto y me gusta la forma en la que se desarrolla la novela.

Por un lado tenemos la telenovela de Allie negándose a sentir algo por Dean, del ex novio siendo un plasta, de ocultar que se lleva bien con Dean, y de "a ver cómo hago que me dejes de caer bien, pero esto es una mierda porque ves telenovelas conmigo sobre cosas que ni sabemos y me haces reír". Por el otro, tenemos a Dean que se pasa el día de chavala en chavala y que, de pronto, se da cuenta de que quiere pasar más tiempo con Allie, de que no le importa no acostarse con ella —a ver, que ha os he dicho que es un Barney— y tiene a sus amigos amenazándole con dejarle de hablar como le haga daño a Allie, ya que se llevan bien con ella y se piensan que Dean no tiene sentimientos.

Pero no sólo de eso va el libro, si no que aburrimiento, si no que en el personaje de Dean se tratan cosas como el que no te tomen en serio sólo porque tu forma de ver la vida sea más relajada, el no saber muy bien qué quieres hacer en un futuro —ya que el chaval está un poco perdido puesto que nada le apasiona—, que todos vean el exterior y no vean el interior —a ver, en estos libros los deportistas son inteligentes pero en plan normal, no en plan Hardin de la vida que mucha cultura pero luego soy una mierda de persona—, y cosas de esa. En Allie el que le tomen por una chica tonta y que no le den papeles serios cuando sabe que vale para ellos, el sentirse presionada, el que le hagan sentir mal por hacer lo que ella cree correcto.... No sé, tratan los temas de una manera que hace que me guste un montón, porque puedes estar o no de acuerdo con ciertos comportarmientos pero los entiendes, puede que no te sientas identificado con ellos y que no sepas lo que se siente, pero comprendes por qué hacen las cosas.

Aunque ha sido el libro que menos me ha gustado de todos, quizás porque las otras historias me decían más, sí que me ha gustado mucho y me ha hecho pensar, algo que seguramente no buscaba el libro pero que lo consigue. Me ha gustado ver una relación diferente, no llena de corazones y cosas empalagosas, y que los protagonistas la fastidien unas cuantas veces porque creo que eso es lo que ocurre en la vida real. También me han gustado ciertos detalles en su relación porque han sido súper bonitos pese a la tontería que el resto de gente puede pensar que es, y creo que merece la pena leerse estos libros porque hablan de relaciones reales, no se idealiza al otro en ningún momento y cometen fallos, pero los solucionan hablando.

Ah, se me olvidaba añadir que algo que me ha gustado mucho es que Dean dice que a él no le importa lo que el resto piense de él —a veces sí que le importa, pero finge que no— y le dice a Allie que debería vivir como él, haciendo lo que quiere y siendo como quiere ser porque así sé es más feliz. ¿Y por qué me ha gustado? Porque siempre me ha gustado esa frase de Alaska de "a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga" y siempre he defendido que si a ti te hace feliz X cosa y no hace daño a nadie que la hagas, la vida es corta y no hay que andar prohibiéndose cosas y precisamente por eso me ha gustado, porque creo que es un mensaje positivo. Creo que a la gente le importa demasiado lo que diga el de al lado y el de enfrente, pocas personas se atreven a vivir como realmente quieren y es algo que me gustó, creo que hacen falta más libros donde se diga que tienes que hacer lo que te vaya a hacer feliz, no seguir la corriente mientras te sientes desgraciado.

Y eso, me despido. Sólo quería hablaros de ciertos temas, ya sé que lo mío no son reseñas. No sé ni lo que son, supongo que me siento frente al ordenador, escribo lo que me sale sobre el libro y ya está, simplemente porque me apetece. Total, que si lo habéis leído podéis decirme que os ha parecido. Un abrazo enorme.